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La factura de la luz de mi madre

Que los ancianos, entre otros muchos colectivos, son los que peor lo están pasando en esta crisis que, según dicen algunos, ya hemos dejado atrás sin que la inmensa mayoría notemos esas vigorosas raíces en las que ―parece ser― está asentada la recuperación, es un hecho. Por eso cualquier ayuda para que ahorren es bien recibida. Como ocurre con la luz.

Hace cosa de un par de meses fui a ver a mi madre, que de cuando en cuando me hace un tazón de cola cao con picatostes, como cuando era pequeño. Encima de la mesa, cartas abiertas con varias facturas. Entre ellas, la de la luz. Lo cogí, y lo revisé por curiosidad. De fondo, el lamento de mi madre:

―Hija, me sangran en la factura cada mes.

mujer mayor blog menoswatios.wordpressY era cierto. La factura de la luz, aparte de ser un galimatías digno de aparecer pintado en las paredes de la pirámide de Guiza, era una sangría de aúpa. Y la pensión, por mucho que se estire y Montoro diga la sarta de tontadas que suelta cada vez que habla, no da para más. Porque, ponte en el caso de mi madre, 85 años, viuda, apenas 400 euros al mes y numerosas facturas que pagar. ¡Ah! Y un periquito, Eleolo, que mantener. Y la de la luz es una décima parte de aquella cantidad. La ruina. Dos lágrimas para comenzar, alguna más después, y ya teníamos el drama montado. Normal. 40 euros de luz. Un crimen, me maldije una y otra vez. Estuve un rato con mi madre, la di un par de besos y me marché para casa con el alma encogida.

Nueva factura de la luz blog menoswatios.wordpress.com

Una vez allí, tracé un plan de actuación. El objetivo era claro: reducir la factura de luz teniendo en cuenta su consumo y el tiempo que pasa en cada estancia de la casa. Porque, esa es otra, no estamos hablando de un chalet en El Viso o un piso bien en Pedralbes, no; hablamos de una casa de 55 metros cuadrados, donde nos hemos criado tres hermanos. Y las cuentas salieron con rapidez: aparte de enseñarle alguna pauta básica de actuación ―apagar todos los electrodomésticos que quedan siempre en stand by, que consumen un ojo de loro y parte del otro―, adquirí unas bombillas LED para el salón ―plafón y lámpara de suelo―, para la cocina y el cuarto de baño ―cuatro downlights― y una bombilla más para el pasillo. Además, en esta dos últimas estancias, mi amigo Fructuoso, que es un electricista la mar de competente, eliminó los transformadores, que también consumían lo suyo, dejando únicamente las bombillas. A mi madre le costó acostumbrarse un par de semanas a las nuevas bombillas. Después…

lámpara LED dicroica menoswatios.com

Dos meses después le llegó una nueva factura. Me llamó por teléfono toda alborozada. Había reducido un 10 % su consumo energético. Un 10 %, que no está nada mal. Y lo mejor de todo, con lo que está más contenta, es que sabe que no tendrá que cambiar más bombillas ya hasta el día que se muera. Que ojalá me dure con vida muchos años. La pobre.

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