Curiosidades·Historias·Iluminación

Un cuento LED

¿Cuántas veces te has acercado a la cama de tu hijo/a para leer un cuento y te has quedado en blanco, sin saber qué contar, o te ha contestado que ya se lo sabía? ¿Le has contado alguna vez el cuento del LED? ¡Ahora ya puedes hacerlo!

Padre leyendo un cuento a su hija blog menoswatios.wordpressÉrase una vez una habitación en la que trabajaban unos hombres. Su cometido era fabricar bombillas que luego iluminarían todas las casas del mundo. Las suyas, las primeras. Uno de estos hombres, muy sabios los tres, llegó a su casa después de una larga y dura jornada de trabajo. Justo a tiempo para dar de cenar a la más pequeña de sus hijas y acostarla después de leerle un cuento. La cena transcurrió entre risas y bromas, y cuando padre e hija estaban en la habitación y el primero leía el cuento a la segunda, la bombilla de la lámpara de mesa se fundió. Era la tercera en dos meses. El hombre cerró el libro y le dio un beso a su pequeña; ya no podía seguir leyendo el cuento.

lampara incandescente menoswatiosEscamado, el hombre cogió la bombilla y se la llevó consigo. La tercera bombilla en dos meses; a una cada quincena. Y no eran baratas, no. Pero no pensó en sí mismo, si no en los padres que estuvieran en su situación; en esos padres que no tuvieran el mismo dinero que él y que pasaran por dificultades incluso para encender esa y cualquier otra bombilla. Una vez solo en sentado en su sillón, el hombre examinó con detenimiento la bombilla, sus filamentos rotos, el casquillo algo chamuscado. Al día siguiente compraría una de las nuevas bombillas que, había oído y sabía, duraban más y consumían menos electricidad, lo cual no estaba mal para todos. Siguió mirando la bombilla y buen rato y, poco a poco, el sueño le venció hasta quedarse dormido en el sofá.

La noche fue intensa. La mueca de desagrado de su hija, que sería la misma de tantos otros niños y niñas, la bombilla fundida; en su cabeza quedó grabada la imagen de la bombilla, una bombilla nueva, diferente y que durara tanto que no fuera necesario sustituirla con tanta frecuencia, y que consumiera la menor energía posible. ¿Eso existía? ¡Claro que no! ¿Por qué no la inventaba él? Todo estaba a su alcance en la naturaleza. Se trataba de trabajar sobre de ello, de investigar, de probar…

Al acabar la jornada, cada día se quedaba un par de horas en el laboratorio para seguir con su objetivo de encontrar una bombilla que fuera duradera, que consumiera poco y que iluminara mucho. Le costó muchas horas de trabajo y de investigación, muchas horas de estudio y de pruebas, otras tantas de rayos incidiendo en sus retinas. Pero dos años después pareció haberlo conseguido; la bombilla que perseguía ya era una realidad. Fabricó un par de modelos y los llevó a su casa. Había nacido el LED.

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Uno de ellos lo instaló en el salón, donde se quedó puesto a pesar de las reticencias de su mujer, a la que no acababa de convencer la luz mortecina que emitía la nueva bombilla. La otra estaba destinaba a la lámpara de mesa de su hija, a la que en principio tampoco convenció la nueva iluminación. Pero papá podía leer los cuentos y la luz duraba más que las otras…

Y tanto que duró. La pequeña acabó el colegio, fue al instituto y se graduó en la Universidad. Y en todo momento estudio bajo la luz de la bombilla que inventó para ella su padre. Invento con el que éste se forró, dicho sea de paso.

Pero ese será otro cuento…

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