Historias·Iluminación

¿Quién no se acuerda del quinqué?

Posiblemente no las nuevas generaciones, pero sí las que ya cuentan por varias décadas los años que cuelgan a sus espaldas. Nos referimos al quinqué, una antigua lámpara para quemar aceite o petróleo, y cuya historia va ligada a la historia de un hombre bastante curioso.

No cabe duda de que apostamos por la iluminación LED como una tecnología de presente y de futuro. Pero existen otras, incluso muy olvidadas, que regresan a la mente en forma de recuerdos con tan sólo nombrar una palaba que las referencie. Es el caso del quinqué.

¿Quién no ha tenido o ha visto uno en su casa, en la de los abuelos, en la del pueblo? Aquellas lámparas que proporcionaban una agradable luz quemando aceite o petróleo siguen presentes en muchas conversaciones. Lo curioso es cómo surgió este método de iluminación, fruto del azar, de la casualidad, o de ambas cosas a la vez.

Antoine Quinquet, el protagonista de esta historia, nació en Soissons, Francia, en 1745. Hijo de un modesto comerciante de su localidad natal, a los quince años entró a trabajar como aprendiz en una farmacia de la misma. Tres años después marchó a París como practicante en las farmacias de Santerre, Poullion y Baumé; pasó por Ginebra, donde residió un año trabajando en la farmacia de Luis Colladon, y regresó a París, a la farmacia Baumé, donde estuvo en dos periodos distintos hasta 1777. En 1784, sin embargo, descubrió algo que cambió la vida de muchas personas.

Historia del quinqué menoswatios.com

Por aquel entonces un notable físico y matemático de la época, Aimé Argand, se había propuesto rentabilizar una lámpara de su invención, un tubo cilíndrico con una mecha alimentada por un depósito de aceite, de forma que el líquido llegaba al extremo superior de la mecha en cantidad suficiente para dar buena luz. Invento que llegó a presentar a la Academia de Ciencias de París en 1783 proponiendo su uso para iluminar la ciudad. La propuesta, no obstante, fue rechazada, y Argand partió para Londres ese mismo año con el mismo objetivo.

Quinqué menoswatios.comMientras tanto, y sin conocer la esencia la lámpara de Argand, Quinquet, que por aquel entonces también realizaba estudios de física relacionados con la aeroestación, y que de hecho conocía a Argand, comprendió que podía mejorar dicho invento. Y con tal fin se asoció con Lange, destilador del rey, para construir una nueva lámpara al estilo del matemático y físico pero perfeccionándola por medio de una chimenea o tubo Flint-Glass que colocaba por debajo y en el eje del mechero cilíndrico. El acierto fue inmediato, ya que este tubo –de 54 centímetros de altura y 45 de diámetro, suspendido por una lengüeta metálica por encima de los siete centímetros del vértice del mechero, aumentaba la luz a la vez que eliminaba el humo.

Quinquet y Lange presentaron su lámpara a la Academia de Ciencias de París el 18 de febrero de 1784, y de inmediato fue puesta a la venta –incluso llegó a anunciarse en el ‘Journal de París’- y el éxito fue instantáneo: casas particulares, salas de espectáculos, reuniones públicas, palacios e incluso en la calefacción de los laboratorios de física y química.

Por cierto, las lámparas inglesas de Argand no fueron conocidas hasta mucho tiempo después…

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3 comentarios sobre “¿Quién no se acuerda del quinqué?

  1. Muy interesante!!! A pesar de mi edad, fue por un libro de una escritora norteamericana ( Nataly Wood) que me entere de estos adminículos… Gracias por la información…. Saludos….!!

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